Historia

  Beato J. Nepomuceno Zegrí y Moreno

Padre Zegrí
 

Fundador de la Congregación de las hermanas Mercedarias de la Caridad. Nació en Granada, el 11 de octubre de 1831, en el seno de una familia cristiana.

Dios Padre, por su Espíritu, le regaló la vocación sacerdotal para servir a los seres humanos el Evangelio de la caridad redentora. Después de cursar sus estudios se ordena sacerdote en la catedral de Granada el día 2 de junio de 1855.

Impactado por los problemas sociales y por las necesidades de los más desfavorecidos, se sintió llamado, también, a fundar una Congregación religiosa para liberar a los seres humanos de sus esclavitudes. La funda bajo la protección e inspiración de María de la Merced, la peregrina humilde de la gratuidad de Dios, en Málaga, el 16 de marzo de 1878.

El sueño más acariciado por él, fue también el carisma que recibió como don, para bien de la Iglesia y de la comunidad humana:

"Curar todas las llagas, remediar todos los males, calmar todos los pesares, desterrar todas las necesidades, enjugar todas las lágrimas, no dejar, si posible fuera en todo el mundo, un solo ser abandonado, afligido, desamparado, sin educación religiosa y sin recursos"

Soñaba, como Jesús, poder pasar haciendo el bien a la humanidad, en Dios, por Dios y para Dios, dejándose interpelar por las necesidades de los más pobres, de quienes deseaba ser su providencia visible.

Hijo fiel de la Iglesia, y bajo el signo de la obediencia de la fe, como entrega de una vida, muere un 17 de marzo de 1905 en la ciudad de Málaga.

Su beatificación, el día nueve de noviembre de 2003, nos introduce a todos en la merced de Dios.

 

Para conocer más datos sobre la vida del Padre Zegrí y la Misión de las HH Mercedarias
Documental Padre Juan Nepomuceno Zegrí vida y obra

La gran tarea de la educación es conducir a la persona en su camino de crecimiento y maduración. El educador cristiano entiende como meta del proceso la figura de Jesucristo, que encarna en sí la plenitud de todo ser humano. Nosotras, mercedarias de la caridad, aun concretamos más la finalidad de nuestra labor educativa, inserta en la misión evangelizadora de la Iglesia. Según el carisma de nuestra Congregación, deseamos introducir a la persona en una dinámica de crecimiento que le ayude a alcanzar, en la medida de lo posible, su plena liberación.

Por carisma somos servidoras de la vida y del evangelio, de ahí que nuestros pasos vayan encaminados a la consecución y afianzamiento de unos valores que se encuentran fundamentados en la persona y mensaje de Jesucristo Redentor, origen y meta de todas las utopías.

Tenemos en nuestras manos la apasionante tarea de orientar el camino de nuestros alumnos hacia un futuro feliz. Es una labor ardua, pero interesante al mismo tiempo. No podemos concebir nuestro quehacer diario con un asunto meramente profesional. Esto sería infravalorar la tarea que nos ha sido encomendada. No es lo mismo trabajar con personas que hacerlo con cualquier producto destinado a la compra y venta. Nuestro trabajo cotidiano es mucho más sublime y trascendental de lo que a veces nosotros mismos podemos llegar a imaginar.

Encaminar a la persona hacia su propia felicidad debería ser el objetivo fundamental de todas nuestras programaciones y la causa principal de todos nuestros desvelos. Y para ello, nosotros mismos hemos de someternos a un profundo y serio proceso de liberación interior. Y es que nadie da lo que no tiene, por eso debemos empeñarnos a fondo en nuestro propio camino de maduración. Nadie ha alcanzado todavía la meta, y quien se considere perfecto se halla muy lejos de ser un verdadero educador. Porque una de las actitudes fundamentales del verdadero maestro es la humildad, que permite reconocer la propia pequeñez de nuestra persona, y desde ahí desear ardientemente el crecimiento y maduración de aquellos a quienes educamos. La propia experiencia a veces es el mejor libro donde podemos encontrar todo el material curricular que necesitamos.

El aprendizaje de conocimientos es básico en el amplio marco de nuestra escuela, pero no podemos olvidar la finalidad principal de nuestra labor: conducir a la persona hacia su plena liberación. De ahí que en nuestro proyecto educativo se conceda un papel indiscutible a la relación de valores, actitudes y normas, como pequeños pasos en la andadura del proceso. Y nosotros estamos aquí para servir y ofertar la gran posibilidad de llegar a ser personas en el amplio sentido de la palabra.

Nuestra Misión: ser Merced de Dios